para escribir

Sunday, June 18, 2006

MAMÁ


No podías faltar tu en mis versos.
Madresita querida que Dios me regaló.
Porque nacer de tí fué lo más bello y hermoso.
Que a mí me aconteció.

Si a escoger el Señor me hubiese dado.
Una madre terrena para mi, este corazón.
De niña no nacida no hubiese dudado.
De lo que escojí.

I es que tu querida madre mía.
Fuiste para mi la vida entera.
Me arrullaste cual tortola a su cría,
i me cuidaste cual feroz pantera.

De mi niñez todos mis recuerdos son dulzura,
porque tu amor me arropó cual bello manto.
I si alguna vez en las noches oistes un llanto,
acudías a mí con gran ternura.

Cuando mi mente abriese a la razón.
I de este mundo me di cuenta en que vivía.
Supe que la mejor madre tenía por que segura
y feliz yo me sentía, viviendo con su gran amor.

Después, cuendo los años de mi niñez
atráz quedaron, adolecente feliz lo fuí.
Bajo los cuidados de una bella madre,
que consejos tejía para mí.

Luego de repente mi vida un vuelco dió.
Y con gran rapidez ¡ de niña a mujer me convirtió!,
¡No para hacerme más feliz madre querida,
si no por el contrario la dicha me robó!.

A los trece años los embates de la vida,
me llevaron cual olas embravecidas.
De un lado a otro sin parar.

Y yo cual naufrago doliente,
alzaba hacia tí mi tersa frente;
buscando tu amor y protección.

Tu fuiste para mí madre querida,
mi guía, consuelo y salvación.
Pues tu haciendo de tu vida una oración,
pedías al Señor por mí todos los días;
para que diera luz a mi vida ya sin sol...

Y Dios que siempre oye a las madres como tú.
Te dió el consuelo de darme una alegría.
Porque en la obscuridad que yo tenía,
la maternidad de dicha me llenó.

Tu amor y mi amor inseparables fueron.
Cansada de pedir alzastes el vuelo;
y yo jamas me pude consolar a estar sin ti,
amor de mis amores.
¡Jamas consuelo alguno pude allar!

Y ahora que siguiendo tu camino,
el que tu me marcabas hacia Dios.
De repente mi destino encuentro,
y siento mas que nunca nuestra unión.

¡Carmela madre! Ahora yo comprendo,
que cuendo tu orabas te elevabas hacia Dios.
¿Como no comprender madre mía?
si eso mismo siento yo.

Por eso tu recuerdo está en mi mente;
y dentro de mi corazón.
Por que sé que al fin de la jornada,
con mi misión ya terminada.
Nos encontraremos tu y yo.

Dichoso el día será cuendo tu alma y la mía,
se vuelvan a abrazar con un abrazo tan fuerte
y tan hermoso que nadie podrá ya separar.

Por eso Señor cuida mis pasos.
Y no me dejes torcerlos nunca más;
porque sabré que al final de mi camino.
Tendrá mi alma el buen destino,
¡Que tuvo el alma de mamá!


Caracas 15 de Diciembre de 1985

0 Comments:

Post a Comment

<< Home